Volver a casa 

Volver a casa 

Podemos imaginar gravados sensoriales de momentos significativos de nuestra vida. Por ejemplo, ese instante que muchos ya han sentido, otros sentirán y otros, quizás, morirán sin sentirlo jamás. Me refiero a ese fotogama tomado en nuestra línea de vida cuando entramos en casa de nuestros padres, guiándonos desde un lugar interior iluminado por la luz de la consciencia. Como el guerrero que recorre el mundo una vez y vuelve al punto de partida transformado y dispuesto a entregarse a nuevas misiones.

Ese lugar en el que nuestro personaje niño deja de pedir y quejarse, allí donde los errores de papá y mamá dejan de justificar decisiones, adicciones y omisiones. Liberados de exigencias por demostrar que somos especiales, listos, artistas, fuertes, buenos. Siendo lo que somos en esencia sin ninguna expectativa de aceptación. Con nuestro “yo crítico” en silencio, con nuestro “niño interior” satisfecho y libre. Entramos en la casa familiar llenos de agradecimiento por la vida, miramos a nuestro alrededor y a los ojos de nuestros padres con compasión.

Aunque nuestros padres estén fallecidos, podemos entrar en esa morada que fue nuestro origen, porque también ella, con sus tesoros y sus sombras está dentro de nuestro corazón. Ese gravado emocional marca quizás el hito necesario para comenzar a vivir con plenitud nuestra existencia.

Carmen Guerrero

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