Un tesoro en el ático

Un tesoro en el ático

En nuestro interior, como le sucedió a una mujer rusa de la que hablaremos a continuación, podemos guardar tesoros de gran valor que no mostramos por creer que no están a la altura. Los escondemos a los demás, pero sobre todo a nosotros mismos, por sentirlos inapropiados, indignos, o incluso algo peor.

La noticia leída en  verne.elpais.com dice que una hija descubrió en el ático de su casa los negativos de miles de fotografías hechas por su madre en los años 70 y 80 en Leningrado. La madre murió en el 2000 y muy pocas imágenes han visto la luz hasta ahora que su hija las ha rescatado del olvido. Las comparte en una cuenta de Instagram que suma miles de seguidores.

Muchas veces no es en el ático (como en la noticia) ni en el trastero de nuestra casa donde escondemos el tesoro, sino en esa parte de nosotros que resulta imposible de observar directamente (inconsciente personal, colectivo, o como queramos llamarlo) Espacio al que se accede en sueños, o cuando damos un paseo por el parque en solitario, etc.

Es posible que -aunque ya lo tengamos identificado- nos de terror abrir el baúl de nuestros miedos atávicos, por lo que podamos encontrar allí dentro. Por esa misma razón mantenemos ocultos a nuestros personajes interiores que resultan excesivamente originales o creativos. Intentamos ser y parecer “normales” cuando en realidad no existe nada que sea “normal”. Vivimos obsesionados por que todo encaje en nuestro pequeño mundo cuadriculado, cuando hay muchas cosas que son imposibles de encajar porque escapan a cualquier razonamiento.

No hay caminos organizados para acceder al “trastero personal”, pero si aprovechamos aquellos raros momentos en los que la puerta esté abierta es probable que podamos aprender muchas cosas de lo que allí encontremos.

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