Prohibirse el miedo.

Prohibirse el miedo.

Los medios de comunicación son conocedores de la enorme atracción que desata esta emoción. A nadie se le escapa que está siendo potenciado, de forma consciente o inconsciente, porque el miedo vende. Podemos observar como lo que se publica, adquiere tintes cada día más exagerados, incluso hasta rayar con la caricatura.

La información deja de ser útil cuando se convierte en un espectáculo que intenta generar confusión, miedo, ansiedad, pánico, etc. Probablemente aquellos medios que, más que informar, compiten entre sí intentando hacer negocio, hayan multiplicado su margen de beneficio. También hay que citar  a las redes sociales, capaces de generar y expandir en cuestión de minutos todo tipo de bulos. (Para todos aquellos que apuestan a ese “juego” deberíamos recordar que quien siembra vientos, más pronto que tarde, se expone a recoger tempestades)

Los catalizadores del miedo ya están por todas partes. El sistema sabe que cada uno de nosotros actúa como un altavoz que amplifica la señal recibida. (Poco importa que sea un bulo, un artículo tendencioso, una opinión cualquiera, o una brillante ocurrencia…)  

Lamentablemente en cualquier “guerra” la primera víctima es eso que llamamos “la verdad”. Por tanto una actitud saludable consiste en no creerse de entrada nada de lo que encontremos publicado. Hay pocas verdades absolutas en lo que circula sin parar, incluyendo lo que puedas leer en este blog que no deja de ser una opinión más. Ahora, más que nunca, es cuando deberíamos aplicar lo de no creernos nada que no podamos comprobar directamente por varias fuentes. 

El bosque de la información, cada vez más tupido, no deja que veamos los “árboles”. No olvidemos utilizar nuestra capacidad de pensar y también nuestro sentido común en cada cosa que hagamos. 

La vida es una sucesión de cambios, muchos los vemos venir y los aceptamos como parte del camino. Otros resultan completamente inesperados, son las “crisis”. No hay que temer a esa palabra que es mezcla de miedo y oportunidad. Lo que nadie nos cuenta es que cuando estamos obligados a luchar aparecen oportunidades para crecer. Si somos capaces de poner en cuestión aquello que ya no funciona, el momento puede resultar muy creativo.

Vuelvo al inicio del artículo, a su titular. Cada cual debería prohibirse -a sí mismo- el miedo paralizante. Pongamos en su lugar atención, cuidado, dedicación, seriedad, etc.

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