¡Pongamos orden en nuestro pequeño Reino!

¡Pongamos orden en nuestro pequeño Reino!

Si cuando observamos nuestro escritorio (lugar de trabajo) vemos una ciudad sin ley, estaremos frente a un laberinto que nos hará perder tiempo y energía.

Nos referimos a un escritorio, pero perfectamente puede ser la mesa de la cocina o aquella que usamos para leer, escribir, etc. El lugar debería ser como un Reino con sus múltiples regiones bien diferenciadas y conectadas.

¿Qué suele pasar?

En el cajón donde un día estaban ciertos documentos ahora siguen casi todos pero mezclados con otros que no deberían estar allí. Las migraciones entre regiones, del cajón de la izquierda al de la derecha y viceversa, muestran que nuestro escritorio se ha convertido en un territorio vivo.

Hablamos de Reinos de los que nosotros somos sus gobernantes y por tanto los encargados de hacer cumplir nuestras propias leyes. Un espacio sin regular tenderá rápidamente hacia lo caótico, lo saben bien todos los adolescentes (también el que llevamos dentro)  

Siguiendo los principios de la entropía (todo tiende al desorden) observaremos que algunas cosas del escritorio, en continua evolución y transformación, saltan a espacios adyacentes invadiéndolos también. 

¿A qué lugar nos conduce esta introducción tan larga?

Tiremos lo inservible, de eso va este ejercicio. Parece fácil ordenar y clasificar lo importante. Recordemos que si hacemos bien las cosas pequeñas las grandes tal vez llamen a nuestra puerta y pidan ser realizadas.

Si no sucede de esa forma tampoco pasa nada, ya que por lo menos encontraremos aquello que buscamos.

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