Mover una montaña de papeles con una pequeña papelera.

Mover una montaña de papeles con una pequeña papelera.

En muchas casas (afortunadamente no en todas) convivimos con montañas de papeles repartidos entre cientos de carpetas, archivadores, cajones y estanterías. Junto con  documentos que llevan años bien almacenados, tenemos otros, incluso repetidos, que parecen apilados sin orden ni concierto.

-¿Resulta extraño que cuando buscamos algún documento concreto siempre acabemos encontrando otro distinto?

Recuerdo que de pequeño, cuando me desesperaba la consigna de mi familia era: “Cuando no lo busques lo encontrarás”. Aquello me hacía pensar que el mundo no estaba bien, parecía algo de locos.

Llegué a creer que lo que sucedía en mi casa (y en alguna otra) era que había una ley desconocida que provocaba un crecimiento descontrolado de escritos y documentos en formato papel. Algo incomprensible hoy en día donde el papel está siendo sustituido por el formato digital.

Para todos aquellos que actualmente seguimos invadidos por ese poderoso ejército de papel nos vendría bien inspirarnos en el cuento de “la cucharita de porcelana”. El cuento dice así: 

En un lugar de oriente, había una montaña muy alta que con su sombra tapaba una aldea y los niños crecían raquíticos. Una vez un viejo, el más viejo de todos, salió de la aldea con una de esas cucharitas chinas de porcelana en la mano.

Los vecinos le dijeron: – ¿Adónde vas, viejito?

– Voy a la montaña. Respondió.

– ¿Y a qué vas?

– Voy a mover la montaña.

– ¿Y con qué las vas a mover?

– Con esta cucharita.

– Jajaja, nunca podrás.

– Sí, nunca podré, pero alguien tiene que comenzar a hacerlo.

Adaptemos este cuento para que la única herramienta que necesitemos sea una pequeña papelera. Aunque puedo imaginar las voces desde nuestra parte mas racional planteando la imposibilidad de luchar contra una montaña de papel armados únicamente con una papelera.

¡Es evidente que ahí no caben todos los papeles de los que nos hemos de liberar!  Sin embargo sí caben los primeros, porque el secreto puede que sea comenzar a hacerlo ya mismo.

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