Lo que cura es el afecto: no hay terapia sin simpatía

Lo que cura es el afecto: no hay terapia sin simpatía

Todos los locos son tristes?

Ni mucho menos. Lo son si están solos.

¿Qué ha entendido?

Que todos somos diferentes incluso en la enfermedad mental. El diagnóstico no nos dice nada de la persona, para cada esquizofrénico hay que buscar un camino. La institución psiquiatra se debe adaptar a la singularidad de la persona.

Un psiquiatra suele recetar.

El fármaco es una muleta que ayuda a contener los síntomas pero no cura. Lo que cura es la relación y el afecto. No hay terapia sin simpatía.

¿Entre médico y paciente?

Sí, y enfermeros y pacientes. Cuanto peor está una persona más relación de afecto necesita.

¿Cómo de intensiva?

Hemos calculado que cuando llega una persona en crisis psiquiátrica la media son dos horas con ella, algo que es muy difícil desde el punto de vista organizativo pero indispensable si quieres construir una relación.

Me sorprende usted.

Lo primero es comprender, y para eso tienes que escuchar, hacer preguntas no estandarizadas, tener paciencia y dar crédito a la persona. No se trata de controlar, de encerrar, de calmar con fármacos, sino de establecer una relación.

Póngame un ejemplo.

A un suicida no hay que encerrarlo para que no lo vuelva a intentar sino estar con él.

¿Y eso cura?

Sí, la dedicación intensiva en los momentos de crisis allana el camino para poder seguir trabajando con la persona. Sin embargo, si el primer encuentro se reduce a encerrarlo en espera de que pase la crisis el seguimiento es muy difícil porque falta la confianza, la relación.

¿Hasta qué punto somos sólo química o somos algo más?

Antes pensábamos que el cerebro no se puede regenerar, hoy sabemos que tiene una capacidad transformadora de sí mismo.

Necesita personal muy especializado.

Necesito personal motivado. Y sale rentable.

Tenemos un programa personalizado dentro y fuera del hospital. Hemos creado un equipo que visita a los enfermos en su casa, a algunos dos veces al día. Hay que ayudarles en el plano social porque la soledad es terrible. No los puedes abandonar, si lo haces volverán al principio.

Debemos creer en nuestra capacidad transformadora, no sólo somos objetos del destino, podemos contribuir activamente en hacer un pedacito de historia, aunque sea homeopático.

¿Es duro trabajar con enajenados?

Es una fuente de enorme riqueza. Los límites de la normalidad los definen miedos y prejuicios, pero ese confín se puede ensanchar y en esa frontera hay autenticidad.

¿En qué cree usted?

Todos tenemos una capacidad emancipadora dentro, hay que descubrirla y hacerla emerger.

….

Extracto de una entrevista con Thomas Emmenegger, psiquiatra y emprendedor social, en La Contra de La Vanguardia

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