Dejar ir lo que ya se fue

Dejar ir lo que ya se fue

¡Duele tanto! 

El impacto emocional de una pérdida es proporcional a la fuerza del apego. 

Es el sentido natural del duelo. 

Vincularnos tiene un precio del que no solemos ser demasiado conscientes hasta que no sentimos el dolor por la muerte, el abandono, la ausencia, incluso una temporal desconexión. El ser humano está programado biológicamente para vivir acompañado, nos regulamos en relaciones que nos proporcionen seguridad. No podemos escapar del amor.

Es natural que la ausencia tras una pérdida tenga más poder que la presencia sentida del pasado. La felicidad del apego experimentado queda en segundo plano, como al fondo de una pantalla, la pantalla de los sentimientos; y delante, casi de forma invasiva, aparece la herida de la soledad y el desamparo. 

Pienso que gestionar un duelo de forma evolutiva es un ejercicio paciente y consciente: reconocer y acompañar nuestro dolor dándole sentido, por un lado; y focalizar la atención a actividades cotidianas compatibles con el autocuidado, por otro. 

Integrar la ausencia crea resistencias a una parte de nosotros. Es la parte que cree inconscientemente que seguir posicionado en la no aceptación de la pérdida mantiene lo perdido a su lado. En cierta forma es parecido a seguir relacionándose con un fantasma, creyendo fantásticamente que aún nos acompaña.

Un sueño de esta noche apareció la fachada de una casa. Desde afuera se veía un globo de helio con el hilo enrollado en las rejas de uno de sus balcones. Esa imagen me conecta con la sensación de “no dejar ir lo que ya en realidad se fue de esta vida, pero no de mi vida”. 

Carmen Guerrero

Imagen: https://www.instagram.com/psicologia_xxi/

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