¿Cuál es nuestra carta de presentación?

¿Cuál es nuestra carta de presentación?

Me refiero a esa primera imagen que damos al exterior, lo que los otros ven antes de conocernos. El cuerpo, nuestra constitución física, etc. Dicho de otro modo: la “máscara” que llevamos en este plano de nuestra existencia.

No es algo que podamos transformar o cambiar a voluntad porque  nacimos con ello (será algo que evolucionará con el paso del tiempo). Si nuestra cara es alargada y angulosa resultará imposible transformarla en cuadrada.

¡En la actualidad se mueve mucho dinero tratando estos cambios externos y olvidando que el trabajo más efectivo suele ser siempre interior!

Cuando no estamos a gusto en nuestra propia piel difícilmente lo estaremos en ninguna otra. La belleza está en los ojos de quien mira, ¿tiene entonces sentido cambiar la forma de nuestra nariz o estirar la piel para eliminar las arrugas?  Cuando nos ponemos en manos de un cirujano plástico (por motivos poco justificables) además de a nosotros mismos, ¿a quién estamos tratando de engañar?

Es cierto que la fachada y puerta de entrada de un edificio puede ofrecer valiosas pistas sobre el propio edificio. Pero no deberíamos evaluar un edificio por su puerta ni a una persona por su imagen exterior porque en ambos casos hay demasiadas cosas que desconocemos.

Más allá de esa puerta de entrada que todos mostramos hay una serie de personajes interiores. Cada uno de nosotros es un universo distinto y a la vez enormemente complejo. Conocerse no es tarea fácil, es trabajo de toda una vida y para ello debemos encontrar herramientas útiles que nos permitan acceder a nuestro interior.

Centrémonos en la puerta de acceso, en esa imagen que damos sin ser muy conscientes de ella. Unos pocos ejemplos servirán para entenderlo:

Imaginemos la fachada de una guardería decorada con colores vivos y con un niño (que puede ser nuestro propio niño interior) en su puerta de entrada. Entonces, con independencia de la edad que tengamos, llevamos puesta una máscara que corresponde a la de un un niño eterno. 

Nada que ver con la imagen de la puerta de una discoteca en la que podría haber un guarda de seguridad (nuestra capacidad de pasar a la acción) con cara de pocos amigos.

Una cafetería o pastelería invitará a pasar mostrando dulces en el escaparate de entrada (personaje que disfruta)  

Justo lo contrario que sucederá en la puerta de una comisaría de policía (control y seguridad) que intimida ya desde la lejanía.

Tal vez no podamos ver la imagen que damos al exterior, pero seguro que nuestros amigos y aquellos que nos conocen de verdad si son capaces de verla.

¿Les preguntamos  -al tiempo que reflexionamos- por nuestra carta de presentación?

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