Cada cuento es una máquina sofisticada

Cada cuento es una máquina sofisticada

Un mecanismo que irá operando dentro de ti…

Otra metáfora buena, también.

Un cuento es como ese objeto que, según el ángulo desde el que lo mires, varía. ¡Por eso sólo tú puedes interpretarlo! Por eso mi padre nos decía que ya sentiríamos su efecto…

¿Quién era su padre?

Idries Shah fue un escritor que con sus escritos quiso inyectar sabiduría tradicional oriental a los occidentales.

¿Lo logró?

Publicó durante medio siglo –de los años 40 a los 90– y le leyeron y admiraron Jorge Luis Borges, Robert Graves, J.D. Salinger, Ted Hughes, Doris Lessing…

¡Borges!

Borges admiró la enseñanza sufí de mi padre. Y de los cuentos de Borges decía mi padre… que eran muy orientales.

¡Graves!

Le he visto bañarse en el mar bajo la luna llena, he jugado con sus hijos, de niño, en su casa de Deià: ahora es museo, me entristezco…

¿Trabajaron Graves y Shah juntos?

Graves animó a mi padre a publicar Los sufis y le escribió un prólogo que es prodigioso.

Salinger, Hughes, Lessing…

Doris Lessing no fue para mí la premio Nobel, sino aquella ancianita adorable sentada en el sillón de casa. Lessing viró del marxismo al sufismo por mi padre, y admitió que por eso empezó a escribir ciencia ficción.

Su padre, pues, sí influyó en otros.

Sé que cambió más de una vida. “¡Da siempre más de lo que tomes!”, me enseñó. Y yo así se lo enseño a mis hijos.

¿Qué más le enseñó?

“¡No imites, eres original!”. Odiaba la rutina y lo convencional, amaba lo desconcertante y raro. “¡Viaja!”: este mundo es puro lujo. “¡Imagina!”. Veía en cada persona un tesoro, disfrutaba explorándolo: hablaba con todos y veía lo exótico de todo, ¡sin irse al Tíbet!

Cuénteme un cuento de Idries Shah.

Es de noche y Nasrudín busca algo en el suelo, en la calle, a la luz de una farola…

¿Quién es Nasrudín?

Un personaje de la tradición medieval sufí, a la vez necio y sabio, lúcido y bobo…

Desconcertante, del gusto de su padre.

”¿Qué buscas?”, le pregunta un vecino al pasar. “La llave de casa”, informa Nasrudín. “Te ayudo”, decide el vecino, y se agacha a buscar. Pasa otro vecino, y lo mismo. Y otro. Al rato, son muchas personas agachadas, todas buscando la llave de casa.

¿Y la llave no aparecía?

No, y entonces uno pregunta: “Nasrudín, ¿dónde perdiste exactamente la llave?”. Y Nasrudín habla: “Delante de mi casa, pero allí está oscuro, ¡y aquí hay mucha luz!”.

No le pido que me lo interprete.

Claro. Ya operará en usted. Compártalo.

Quiero otro cuento, por favor.

Nasrudín cruza la frontera en burro, con una bala de paja en las alforjas. Regresa de vacío. Repite esto durante algunos meses, y se retira: es ya rico. Sus vecinos no lo entienden, pues la paja no vale tanto al otro lado. “¿Cómo lo hiciste?”, le pregunta uno a Nasrudín, que se lo explica: “No era con la paja, contrabandeaba con burros”.

Extracto de una entrevista con Tahir Shah, hijo y testaferro del escritor sufí Idries Shah.
Fuente: La Contra de La Vanguardia

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