Atención plena… y nada más

Atención plena… y nada más

Una niña huérfana y un acróbata se ganaban el pan con un número de circo que representaban en pequeños pueblos de la India. La niña trepaba por un largo palo que el hombre sostenía sobre sus hombros. 

Lo cierto es que la prueba tenía bastantes riesgos. Por eso, el hombre le indicó a la niña:

-Amiguita, para evitar que pueda ocurrimos un accidente, lo mejor será que, mientras hacemos nuestro número, yo me ocupe de lo que tú estás haciendo y tú de lo que estoy haciendo yo.

Pero la niña, clavando sus ojos enormes y expresivos en los de su compañero, replicó:

-No, eso no es lo acertado. Yo me ocuparé de mí y tú te ocuparás de ti, y así, estando cada uno muy pendiente de lo que uno mismo hace, evitaremos cualquier accidente.

Una historia japonesa que relata Alejandro Jodorowsky incide especialmente sobre el tema de la atención:

Un joven, queriendo aprender a manejar con destreza la espada, le dice a un viejo Maestro samurai: “¿Qué debo hacer para ser un campeón como usted?”. El viejo le responde con una palabra: “¡Atención!” “Pero, Maestro, ¿sólo eso?” “Sí, atención.” “¿Y qué más?” ¡Atención, atención!”

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