Un hombre sabio dedica su atención no sólo a las grandes sino también a las más insignificantes de sus acciones

Un hombre sabio dedica su atención no sólo a las grandes sino también a las más insignificantes de sus acciones

Alejandro Jodorowsky: Me hice amigo, en París, de un realizador de programas para la televisión. Lo acompañé a varias de sus entrevistas. En una ocasión visitamos la casa de un célebre gastrónomo. Tenía una inmensa colección de recetas culinarias que abarcaban desde los fenicios hasta nuestros días. Conocía dónde y cuándo había sido creado cada guiso y las leyendas de las hierbas y especias. Su pasión era cocinar y lo había hecho en forma maestra durante cuarenta años. Según lo que se comentaba, comer uno de sus platillos era obtener progreso espiritual. Mi amigo le pidió que, ante las cámaras, preparara algo para que los espectadores vieran su profunda pericia. El caballero se puso un albo delantal y un alto gorro blanco; trajo una delicada mesa de madera fragante; de una caja con incrustaciones de nácar, antigüedad que valdría centenares de euros, extrajo un pan y cortó, manejando un cuchillo-sierra reluciente, una rebanada, sin desparramar migas. Encendió un tostador, verificó varias veces su temperatura y cuando estuvo satisfecho, puso a tostar la rebanada. Al adquirir el pan un tono parejo, dorado, de inefable belleza, comenzó a cubrirlo, usando una espátula que tenía un mango de oro, con una capa de fina mantequilla. Entonces, frente a la cámara , bebiendo un café con leche, comió el pan con mantequilla masticándolo como si fuese un manjar exquisito… ¡El realizador creyó que se habían burlado de él! El Maestro le explicó que un platillo no se valoraba por su complejidad y que un gran cocinero era aquel que sabía hacer del alimento banal una obra de arte. Dijo: “La cocina es un proceso donde pesan las herramientas que se emplean en la confección, la calidad de las materias, el amor del cocinero y la sabiduría del consumidor que no debe profanar la creación, tragándosela de un bocado o paladeándola con una lengua insensible”.
¡Para mí fue emocionante ver que un hombre sabio dedicaba su atención no sólo a las grandes sino también a las más insignificantes de sus acciones!

Conversación con un maestro gastrónomo. Alejandro Jodorowsky