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¿Por qué hay algo dentro de mí que me impulsa a vivir en pareja?

Tener pareja no es una necesidad ineludible para subsistir durante nuestra individual vida en el planeta, pero sí es imprescindible que haya parejas que se unan para que la especie humana siga procreándose y colaborando en la labor de crear conciencia del universo.

Valora el privilegio de vivir en pareja, no porque ella te de la llave de la felicidad, sino porque dos almas  que se unen en el amor entran sin llamar en la fiesta continua que es la vida.

Estamos de acuerdo con Walter Riso cuando escribe: “no te necesito, te prefiero”, y el misterio de la vida también.

Como dice Eric Rolf, “no existe la media naranja. Cada uno es una naranja entera. Claro, hay más jugo, más zumo con dos que con una. La pareja del momento es un espejo con quien tenemos también un compromiso”.

Plano sin fin

El texto anterior es la ampliación del punto 10 del decálogo para que la vida en pareja sea una fiesta continua:

PAREJA: (HOMBRE & MUJER- MUJER & MUJER- HOMBRE & HOMBRE)

1.- Brinda agradeciendo a tu pareja todas y cada una de las lecciones que a través de ella aprendes cada día. Son enseñanzas que sin ella no te llegarían jamás.

2.- Vive la fiesta del compartir y deja que los demás invitados lo disfruten. Goza al ubicarte en un territorio llamado “pareja”, en donde se pierden los límites de la individualidad y la posesión, para fundirse dos “yos” en un contexto llamado “nosotros”.

3.- Diviértete concibiendo, gestando, pariendo y alimentando no sólo hijos, sino proyectos de todo tipo: intelectuales, emocionales, creativos-sexuales y materiales.

4.- Frente a tu pareja, vístete con el traje transparente de la autenticidad, no interpretes ningún papel… Tarde o temprano todas las máscaras se esfuman, al tiempo que se desvela
la desnudez.

5.- Baila siempre con tu pareja al ritmo de la mutua confianza. Los secretos y las mentiras, son notas discordantes que desafinan en una orquesta creada para danzar en el amor.

6.- Entre los manjares del banquete que no falten dosis de risa. Que el sentido del humor en la pareja aporte una chispa de sabor a cada instante.

7.- Se parte activa en la fiesta, no esperes que el otro lo ponga todo.  Si quieres que el encuentro sea un éxito, aporta con gran generosidad lo que sea necesario.

8.- Cada vez que puedas, sorprende a tu pareja. El elemento sorpresa activa las neuronas, revive el corazón, renueva el deseo, crea momentos únicos y mágicos.

9.- Acompaña a tu pareja no sólo hacia la la cama, sino también durante toda la fiesta. En compañía, los momentos de disfrute pesan el doble, y los de tristeza, la mitad.

10 – Valora el privilegio de vivir en pareja, no porque ella te de la llave de la felicidad, sino porque dos almas  que se unen en el amor entran sin llamar en la fiesta continua que es la vida.

Seguimos aprendiendo. No te conformes con este decálogo. Ahora crea el tuyo  propio y compártelo.

corazón

Los cuatro amores dañinos (Descritos por Walter Riso)

Los amores dañinos se encuentran según Walter Riso con mucha frecuencia, y representan el imaginario social, de acuerdo con cómo nos han vendido el amor a través de canciones y telenovelas. Un amor idealizado. El autor los describe así en una entrevista:

Amor obsesivo

Ahí lo que planteo es que tú puedas amar sin enloquecerte (…). Uno cree que para estar enamorado hay que tener taquicardia, sudores, estar todo el día sufriendo como si estuvieras viendo una película de terror, y realmente no es así. Sentir pasión es que yo pueda pensar sobre lo que estoy sintiendo.

El amor fusionado

Tiene que ver con no perder la identidad, porque muchas relaciones terminan siendo una imitación del otro. Y hay cosas que por principio no puedes negociar en el amor, como tu propia historia, tus creencias básicas, tus idearios. Una cosa es ponerse de acuerdo en cosas secundarias, pero no se puede cambiar la verdadera manera de ser.

Amor temeroso

El amor está hecho para que a los valientes les vaya bien. El miedo nace de creer que puede haber certeza en el amor, es decir, de que en algún momento yo tenga certeza de que nunca se va a acabar esto, y resulta que la posibilidad cero no existe. Yo propongo un amor valiente, que acepta lo peor que pueda ocurrir.

Amor opresivo

Está relacionado con la libertad, que a su vez se divide en tres. Si yo por amor tengo que perder la libertad de pensar, sentir y actuar como me dé la gana de acuerdo con mis valores, ese amor no me sirve. Si yo por amor debo perder la capacidad de ejercer mis gustos, preferencias, vocación y autorrealización, ese amor no me sirve. Y si por amor tengo que perder la libertad de tener mis amigos con tranquilidad, tampoco me sirve.

¿Cómo construir una estructura liberadora?

Walter Riso: Yo creo que básicamente es tener en cuenta tres cosas: un amor en donde exista el deseo; un deseo que sea compartido, que sea erótico. Segundo: en cualquier relación que no sea esclavizada, hay amistad. La amistad es, por definición, democrática. Implica la alegría de que el otro exista, como la definía Spinoza. Y esa amistad te permite tener proyectos comunes, comunicarte, tener humor. Y el tercero es la compasión: que te duela lo que al otro le ocurre y te alegre la alegría del otro. Es la ternura, la no violencia. En resumidas cuentas, la estructura del amor sano es hacer el amor con la amiga o amigo y con ternura.

Fuente: Extracto de una entrevista

 

Cambiar del estado A al estado B

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“No hay cambio sin sufrimiento. Cambiar del estado A al estado B implica desorganizarse para volver a estructurarse en un nivel diferente. Algunos esperan una transformación con anestesia, sín dolor, sin perder el estatus o la comodidad del estadio anterior. Pura ilusión. Si quieres hacer algo nuevo de ti mismo, crear una nueva visión del mundo, romper la monotonía a la que te has acostumbrado, el mejor camino es la incomodidad que conlleva modificar tu estado interior. Esto implica una pequeña dosis de sufrimiento útil, un gasto de energía, una inversión de tus recursos para llegar a ser algo más. Crecer sin esfuerzo es un imposible, es la excusa de los cobardes”.

Walter Riso