¿Has probado a comunicarte desde el corazón?

¿Has probado a comunicarte desde el corazón?

Un simpático anciano que pasaba la tarde de un domingo de otoño dándole de comer a las palomas del parque, escuchó a una pareja discutir en el banco de enfrente.

Ella, le decía a él qué mal se sentía con un asunto, mientras que él le daba soluciones sin terminar de escuchar sus lamentos, sin compadecerse de sus lágrimas y sin ofrecerle una mirada o una caricia de compañía o consuelo. Sólo le interesaban las dichosas soluciones.

El viejo pensó “¡ya podría escucharla desde el corazón!”.

Al otro lado de esta escena, el hijo de ambos al mismo tiempo se tropezó con una piedra y su bocadillo se estampó contra el suelo. Su rodilla se desolló y el pobre niño llamaba a su papá para que le ayudara a levantarse y a librarse de las palomas que se daban el gran banquete con el pan de su merienda. El padre se acercó con el ceño fruncido y le dio un mitin sobre como se debe comer sin jugar y jugar sin correr y correr sin comer a la vez. Pero no le sopló la herida, ni escuchó sus penas, ni le ofreció si quiera una mano para levantarse.

Observando el episodio, el viejo dijo flojito: “¡ya podría hablarle desde el corazón!”.

Cuando pasaron los años, ese hombre paseaba solo por el parque rumiando sobre su soledad. Tomó asiento apesadumbrado. No se explicaba porque su familia no lo acompañaba ya a pasear en la tardes de domingo, a pesar de todo lo que él sabía, lo bien que hablaba, lo bueno que era dando consejos y encontrando soluciones. Una voz procedente del extremo del mismo banco, le dijo: “¿has probado a comunicarte desde el corazón?”.

Carmen Guerrero

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