¿Nuestra mirada coincide con la de nuestro árbol genealógico?

¿Nuestra mirada coincide con la de nuestro árbol genealógico?

¿Somos conscientes de que nuestro árbol genealógico toma algunas decisiones en nuestra vida?

¿Siempre que nos enfrentamos a un dilema no lo hacemos con nuestra mirada propia y personal? En realidad es nuestro árbol genealógico el que a veces toma la decisión. Decisión basada en el peso del pasado, en la repetición. Eso provoca que nos estanquemos, que entremos en dinámicas repetitivas, donde damos vueltas y más vueltas en torno al mismo problema.

Dice Marianne Costa que frente a las heridas tenemos dos opciones, sanarlas o exaltarlas (convertirlas en algo artístico). Y que siempre será mejor sanar que tratar, ya que todo tratamiento sólo busca mantenerte, no hay una verdadera mutación (transformación) en el mismo.

Para alcanzar esa mutación buscada nos podemos servir de la psicomagia. Como dice Alejandro Jodorowsky: “cuando hacemos algo que nunca hemos hecho antes ya estamos en el camino de la sanación”. El efecto sorpresa es muy importante para poder salir de esos círculos en forma de hábitos mentales, emocionales, sexuales y corporales. Nos dice que en el momento rompemos con esos límites que nos han impuesto desde nuestra familia, sociedad y cultura, descubrimos que somos tan infinitos como el universo.

Volveré a repetir las palabras del maestro Jodorowsky: “Hay que hacer algo que nunca hayas hecho antes y cuanto más difícil mejor”. Esa es la esencia de la psicomagia para conseguir salir del molde en el que estamos atrapados.

Algo bastante habitual es que los padres proyectemos nuestras frustraciones y expectativas personales no satisfechas en nuestros hijos y les presionemos de algún modo para que las alcancen ellos. Se puede decir que tratamos de tener a través de ellos la vida que no hemos tenido…

Lo que no sabemos la mayoría de padres es que, lo pretendamos o no, los hijos perciben nuestros sueños, deseos y sentimientos profundos y, en alguna medida, los heredan y los hacen suyos… Los hijos captan las carencias, las necesidades, y las emociones de fondo que hay en su sistema familiar y tratan de compensarlas o bien de reproducirlas.

“A veces pensamos que hemos escogido la profesión y la vida que llevamos por propia iniciativa, y, cuando investigamos a fondo la historia familiar, es fácil descubrir que hicimos lo que papá o mamá desearon silenciosamente, lo que alguno de nuestros abuelos o abuelas soñaron, o tal vez lo que convenía para reequilibrar algún desajuste familiar de fondo.”

Adolescentes “Qué Maravilla”, Eva Bach Corbacho

Observando de cerca las estructuras familiares, se descubre un cierto número de “estructuras hereditarias”, con repeticiones no decididas conscientemente, ni incluso detectadas.

Lo que parece hereditario, “debido al azar”, sin que esté claramente definido, puede ser el número de hijos, el lapso de tiempo entre ellos, incluso el número de casamientos, el número de abortos espontáneos o provocados…
Hay familias de suicidas, de muertos violentamente, de hijos naturales, adulterinos, o únicamente legítimos. Hay familias “cigarras” y familias “hormigas” que suben y bajan en la escala social.

Todo ocurre como si la composición y la estructura de la familia fueran repetitivas y hereditarias, como si hubiera una regla no escrita que cada uno siguiera, tanto en su espíritu como en su cuerpo.

Plano sin fin

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