No se puede negociar nada cuando una de las partes se siente superior a la otra.

No se puede negociar nada cuando una de las partes se siente superior a la otra.

El síntoma de que vas en la buena dirección es que todos dejan de hablar del pasado y sus grandes gestas y empiezan a hablar del futuro y el presente.

Un conflicto puede resolverse cuando veo que los sentimientos de superioridad pueden relativizarse y desaparecer.

Los conflictos con símbolos identitarios –religiosos, étnicos o culturales– tienden a blo­quearse, porque la identidad no se negocia. Se sale cambiando el modo de pensar en bloque de cada bando por el de pensar de uno en uno.

Hay que dejar de pensar que somos los tararí o los tarará y empezar a aceptar que todos somos personas, ciudadanos iguales. Hay que negociar derechos idénticos para cada uno y dejar de hablar de los de cada grupo.

Para empezar, incluir a todos en las negociaciones; después, aprender, saber del otro, luego aceptar. Y, en fin, generar confianza entre las partes.

Nadie puede pactar por los enfrentados en un conflicto. Deben reunirse, mirarse a los ojos y decirse: sólo nosotros podemos arreglar esto. Y negociar en serio.

Hay que transformar los grandes principios en pequeñas negociaciones donde nadie debe sentirse superior a nadie… Como debe ser en todas ­partes.

Breve extracto de una entrevista con Roelf Meyer, mediador en conflictos. Fuente: La Vanguardia

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