Músculos: nuestra capacidad de movernos en la vida

Músculos: nuestra capacidad de movernos en la vida

Los músculos lisos, como los del intestino, son dirigidos de manera inconsciente y automática. Por el contrario, los estriados sirven para mover nuestro cuerpo de manera completamente consciente. Las órdenes para ejecutar los movimientos provienen del cerebro y son transmitidas a través del sistema nervioso central. El objetivo de este artículo es centrarnos en los músculos estriados, observándolos desde una nueva perspectiva.

Representan la actividad, la fuerza, la movilidad, la flexibilidad. La adaptación al mundo exterior y la resistencia a las nuevas experiencias. Todos estos valores, al igual que los músculos pueden trabajarse y desarrollarse. Es bueno recordar que si tenemos que guardar cama debido a una enfermedad, tras catorce días el diámetro del músculo se reduce en un centímetro y que para recuperarlo nos llevará entre seis semanas a tres meses. Es por tanto muy conveniente el movimiento…

Todo movimiento, aunque lo realice el ser más evolucionado del planeta, está basado en dos acciones primitivas: aproximación y huída, buscamos sobrevivir, alimento y placer, huimos de lo que amenaza y duele.

Todo problema muscular puede indicar una falta de motivación y sobre todo una falta de voluntad para ir hacia donde la persona desea. La sabiduría popular dice que “lo que se estanca, se pudre”. La vida es movimiento, pero tal vez hay un miedo inconsciente a alcanzar nuestra verdadera meta que puede conectarse con la programación que estableció nuestro árbol genealógico para nosotros.

Problemas musculares:

-Las contracturas son como un frenado de emergencia.

-Los calambres en piernas reflejan la tensión, el miedo y nos obligan a aferrarnos a algo

-Las distensiones y los desgarros musculares nos impiden el movimiento y nos obligan a parar.

-Excesiva tensión producida por el estrés. Cuando el cerebro anticipa una situación de peligro (“debo terminar este informe”, “los niños salen del colegio y hay un atasco”, “el jefe me llama a su despacho”, “mañana tengo un examen”, etc.), entre otras señales, envía a los músculos la orden de “listos para la batalla” y se tensan desproporcionadamente a la situación real que se presenta. Es la herencia de nuestros antepasados cavernícolas que sí tenían que luchar contra animales salvajes y desastres naturales, valiéndose para correr y pelear de la fuerza de sus músculos.

Haríamos bien en preguntarnos:

¿No querremos ir demasiado rápidos en un asunto o estaremos haciendo demasiada fuerza?

¿En qué área de nuestra vida estamos sufriendo tensión o nos estamos forzando en exceso?

¿Quizás queremos arrancar muy rápidos sin una preparación previa?

¿Hay desacuerdo de voluntades entre lo que de verdad deseo y lo que desea para mí mi árbol?

Un grupo de músculos que enferma viene a avisarnos de que hay un conflicto que resolver referente a tres variables:

-Espacio: El avance, al retroceso o al estancamiento, en referencia a lo que deseamos o tememos.

-Resistencia: A la tensión-fuerza o la debilidad con que afrontamos un acontecimiento vital importante.

-Tiempo: Ritmo demasiado acelerado o demasiado lento para resolver un problema.

Sanar el sistema muscular es mantener ante los conflictos un modo de resolver con éxito la fórmula: Dirección correcta + Fuerza equilibrada + Ritmo adecuado.

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