¿Qué le llevó a usted a interesarse por las músicas sagradas?

¿Qué le llevó a usted a interesarse por las músicas sagradas?

Todo empezó cuándo quise comprarme el disco Help de los Beatles…, y mi padre no me dejó.

Y eso lo hizo aun más interesante…

Además, mi profesor quería obligarme a cortarme el pelo, que me dejé largo.

Un peludo de los años sesenta…

Sí, viví una adolescencia entre Tintín y el rock, y de ahí provengo: quise viajar como Tintín y dejarme el pelo largo como los rockeros.

Un poco hippy…

Sí, y muy pronto me cautivó la figura, la actitud y la música de Bob Dylan. Soy dylaniano hasta la médula. Dylan es mi maestro de música y de vida, es el gitano universal.

Metafóricamente, entiendo.

Sí, Bob Dylan es la tradición y la modernidad a la vez, es la poesía universal: es el poeta, es el visionario, es el músico, es el profeta. Tiene el don de conjugar lo tradicional y lo vanguardista, y ha sido siempre mi inspiración.

¿Qué le atrae más del actual Dylan?

Su visión del mundo, su lectura espiritual de las cosas, que nos apela, y su apuesta por la libertad frente a la seguridad, además de su gusto por todo lo intenso y apasionante.

El pop-rock quizá sea tradicional dentro de dos siglos…

Ya está sucediendo: hay canciones de Bob Dylan, Beatles, Elvis o Chuck Berry… que son ya música tradicional para muchísimos jóvenes de hoy.

¿Cómo ve hoy la música de Occidente?

Pierde la ancestral función sagrada…, para convertirse en mero entretenimiento, en arte por el arte.

Fuente: La Contra de La Vanguardia. Extracto de una entrevista con Alain Weber, director artístico de festivales de música

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