La verdad importa más que la notoriedad del que la dice. Alejandro Jodorowsky

La verdad importa más que la notoriedad del que la dice. Alejandro Jodorowsky

Se podría decir que en nuestro cerebro hay neuronas que funcionan como espejo: repiten sentimientos, ideas, deseos y necesidades de personas con personalidad fuerte. Esto sucede principalmente en la infancia, período en que los padres y otros parientes se nos imponen como dioses. Más tarde imitamos a gente famosa o bien, a individuos que poseen egos invasores, devoradores de nuestro tiempo y nuestra energía. Contaré la historia de un brujo humilde que se vio enredado en tal problema:

En cierta comarca, sea por descuido de los gobernantes o por desidia de los campesinos, o por ambas cosas, el terreno se fue erosionando hasta que la sequía se hizo reina… En la región vecina vivía un gurú capaz de producir variaciones en la materia, a voluntad. Le bastaba una oración para convertir la arena en agua. Los vecinos sedientos enviaron al brujo de la aldea para que estudiara con el santo. Cuando el haraposo nigromante llegó a la ciudad donde vivía el gran hombre, encontró una abigarrada multitud esperando ante las puertas de su templo. Venían de diferentes poblados, cada cual con la misión de aprender un milagro que los salvara de la sequía. El gurú no podía pasar años enseñando, porque su transmisión era directa y, por eso, sólo aceptaba un discípulo a la vez. A ese paso, calculó el pobre brujo, cuando le llegara el turno, habría pasado tanto tiempo que su aldea ya estaría enterrada bajo el polvo… Un loro, animal favorito del santo, escapó y fue a guarecerse en la copa de un árbol. Nuestro brujo se acercó al pajarraco y humildemente le imploró el secreto de su amo. El animal, como loro que era, repitió todo lo que había oído. El brujo lo anotó, se fue al desierto y practicó las incantaciones que escuchara del ave. ¡El milagro se produjo! Volvió feliz a su aldea, reunió al pueblo, hundió la mano en un surco, extrajo un puñado de arena, lo colocó en una botella, oró y la convirtió en agua. ¡Todos se maravillaron! Preguntaron: “¿Cómo es ese hombre santo que fue tu maestro?”. A lo que el brujo contestó: “¡Nunca lo vi: aprendí a través de su loro!”. La multitud estalló en una rechifla airada. ¡Cómo era posible aprender algo bueno de un loro! Lo trataron de estafador, sacrílego y tantas otras cosas más. Llevados por el colérico impulso, lo lapidaron para, al poco tiempo, morir todos de sed.

Mucha gente busca individuos famosos para aprender mentiras. Hay que ser capaz de descubrir enseñanzas en boca de los humildes : La Verdad importa más que la notoriedad del que la dice.

A %d blogueros les gusta esto: