La historia de las noticias falsas

La historia de las noticias falsas

Siglos antes de las redes sociales, los bulos y las mentiras alimentaban pasquines y gacetas en Europa. Las informaciones infundadas corrían por los parques hasta llegar a primera página

En la larga historia de la desinformación, el estallido actual de noticias falsas ocupa ya un lugar especial en nuestros días. Pero la invención de verdades alternativas no es tan infrecuente, y se pueden encontrar equivalentes a los mensajes de texto y los tuits llenos de veneno de hoy en casi todos los periodos de la historia, incluso en la Antigüedad.

Procopio, el historiador bizantino del siglo VI, escribió un libro lleno de historias de dudosa veracidad, Historia secreta (Anécdota en el título original), que mantuvo en secreto hasta su muerte, para arruinar la reputación del emperador Justiniano después de haberle mostrado su adoración en las obras oficiales. Pietro Aretino trató de manipular la elección del pontífice en 1522 escribiendo unos sonetos perversos sobre todos los candidatos menos el preferido por sus patronos, los Médicis, y colgándolos, para que los admirara todo el mundo, en el busto de una figura conocida como Il Pasquino, cerca de la Piazza Navona, en Roma. Los pasquines se convirtieron en un método habitual para difundir noticias desagradables, en su mayoría falsas, sobre personajes públicos.

En el siglo XVII fueron sustituidos en gran parte por un género más popular, el del canard, la gacetilla llena de bulos y falsas noticias que corrieron por las calles de París durante los siguientes 200 años. Los canards eran periódicos impresos de gran tamaño, a veces ilustrados con llamativos grabados para atraer a los más crédulos.

La elaboración de noticias falsas, semifalsas y verdaderas pero comprometedoras tuvo su apogeo en el Londres del siglo XVIII, cuando los periódicos aumentaron su circu­lación. En 1788, la ciudad tenía 10 diarios, 8 periódicos que salían tres veces por semana y 9 semanarios, y las noticias que sacaban solían consistir en un solo párrafo. Los “hombres del párrafo” se enteraban de cotilleos en los cafés, escribían unas cuantas frases en un papel y se lo llevaban a los impresores, que eran también editores y que normalmente lo incluían en el primer hueco que tuvieran disponible en alguna columna de la piedra litográfica. Algunos gacetilleros recibían dinero por los párrafos; otros se conformaban con manipular la opinión pública a favor o en contra de un personaje, una obra de teatro o un libro.

Fuente: El Pais (extracto de una noticia)

En busca de “la verdad” es muy probable que clasifiquemos a los medios de información en distintas categorías según la fiabilidad que nos inspiren. Ahora bien, ¿continuamos creyendo absolutamente todo lo que las sufridas páginas de nuestro periódico favorito publica?  

 

 

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