La conexión

La conexión

“No existe la casualidad, y lo que se nos presenta como azar surge de las fuentes más profundas” Friedrich Schiller

Dicen las mentes más sabias y evolucionadas que todo está en todo y a su vez conectado. Poco importa si lo llamamos azar o sincronicidad, estas conexiones se nos mostrarán si experimentamos con ellas.

Una forma sencilla es la bibliomancia que consiste en abrir al azar un libro cualquiera, leer el primer párrafo que aparezca teniendo la mente abierta para escuchar los mensajes e interpretar las posibles respuestas.

¿Por qué se abre una página y no otra? La respuesta es la misma que responderíamos a otras cuestiones, como ¿por qué sacó una carta del Tarot y no otra? o ¿por qué se dispusieron así las monedas del i-ching y no de otra forma? Por sincronicidad o también lo podríamos explicar en términos de la ley de la atracción.

El mundo es una trama de líneas infinitas. Todo resuena, como en una orquesta. Es la sincronicidad, algo que está por debajo de la lógica y une las cosas.

La palabra “sincronicidad” la utilizamos en cuanto nos sobreviene una casualidad poco usual, como, recibir una llamada de alguien a quien, justamente, íbamos a llamar; o pensar en alguien que hace mucho no vemos y con quien nos cruzamos al día siguiente en la calle. También cuando leemos un libro y, de pronto, empezamos a ver cosas relacionas con el contenido de la lectura. Todos hemos sentido alguna vez esa extraña sensación de que algo nos une a los acontecimientos que nos rodean, sin explicación lógica…

La Biblia ha sido el libro preferido por los bibliomantes, aunque en la actualidad nada impide que se utilicen también otros libros con los que el interesado tenga cierta afinidad.

Durante el Imperio Romano y en la Edad Media practicaban un método de adivinación o predicción del futuro conocido por “Sortes Virgilianae”, que consistía en que una persona formulaba una consulta sobre su futuro y, acto seguido, seleccionaba al azar un pasaje de la Eneida de Virgilio (70 a.C-19 a.C). El pasaje se leía y se interpretaba como respuesta a la consulta. El prestigio del que gozaba Virgilio en aquella época era tal que se le consideraba un mago y un profeta, extendiendo su profecía a su obra cumbre: la Eneida.

Hay un método indirecto que consiste en la apertura del libro sin intervención humana. Se solía dejar el libro a la intemperie, abierto a la mitad exacta, para que el viento se encargase de pasar las páginas. O en arrojar el libro y realizar la exégesis sobre las páginas donde había quedado abierto.

En el otro método, el directo, el bibliomante se dejaba guiar y abría el libro en las páginas adecuadas. También podía pedir al interesado que él mismo abriera el libro.

Es como leer una entrada al azar de este blog o de cualquier otro, la sincronicidad se encargará de que resulte significativo- por aportar nueva información- para el momento personal que estés viviendo.

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