Internet ya no trabaja para nosotros.

Internet ya no trabaja para nosotros.

La red cada vez nos conoce mejor y puede ser más predictiva, así que ya no nos da los resultados posibles, sino sólo los que cree que nos gustarán.

¿Cómo?

Cada día los algoritmos son mejores al adivinar, a partir de lo que hemos elegido antes en la red, quiénes somos, qué nos gusta y qué podemos comprar. En vez de servirnos lo que buscamos, ahora nos ofrecen lo que, según nuestras anteriores búsquedas, debería gustarnos.

¿Por qué?

Para colocarnos publicidad cada vez más personalizada. Y para mantenernos clicando, es decir, generando más impactos publicitarios por los que las plataformas cobran.

Pero, a cambio, nos conectan e informan.

Eliminan la transversalidad del conocimiento; la posibilidad de descubrir lo que no buscabas o no creías que te pudiera interesar. Y para mucha gente a la que los algoritmos categorizan como “de clase baja” eso significa un solo menú de contenidos equivalente a hamburguesas ­baratas con patatas fritas. Intoxican a su in­telecto.

¿Y eso le impide codearse con quienes piensan diferente?

Internet ya es un filtro burbuja que restringe la diversidad, que era el gran valor de las socie­dades modernas. Si usted es de derechas en un barrio de derechas, ya no le ofrecen publicidad o enlaces de izquierdas. ¿Sabe dónde discute hoy de política la gente de opiniones muy diversas?

¿…?

En las webs de equipos deportivos. Porque, en el resto de internet, los políticos hoy utilizan los algoritmos para colocar sus mensajes sólo en aquellos sectores donde son bien recibidos. Cada vez colocan menos publicidad en medios ideológicamente transversales.

Y así optimizan la inversión política, pero nos privan de saber qué piensa el contrario.

De ese modo, la hipercomunicación digital acaba siendo hiperaislamiento. La paradoja es que cuanto más navegas, menos sabes lo que piensan los demás. Te aíslas en tu celda.

Es cómodo: si sólo te dicen lo que ya piensas, te ahorras un montón de razonamiento.

Internet parecía que iba a conectarnos con todos, pero ahora ya sólo nos conecta con quienes piensan como nosotros.

A muchos ya les parecerá bien.

A la mayoría, tal vez; pero hay que distinguir entre lo que internet podría hacer y lo que hace.

¿Tiene alguna buena noticia?

El otro día colgué un documento sobre fake news (noticias falsas en la red) en Twitter y decenas de personas anónimas lo fueron enriqueciendo con aportaciones desinteresadas; ahora es más interesante que cuando lo escribí.

Es cierto que la sociedad digital podría ser una gran ventana al conocimiento, pero es un túnel narcisista que vuelve a darte algo igual a lo que has pedido una y otra vez. Si, como la mayoría de los usuarios, pides clics sensacionalistas, sólo te dará búsquedas y publicidad de baja calidad, de acuerdo con tu perfil.

Extracto de una entrevista con Eli Pariser, presidente de Move On, plataforma on line de contenido político líder en EE.UU.

Fuente: La Contra de La Vanguardia

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