Encender. Artículo de Mariano Alameda.

Encender. Artículo de Mariano Alameda.

Los físicos no saben todavía cuál es en realidad la naturaleza de la luz.

La luz en el universo no se ve más que cuando se refleja en algo, que de repente se ilumina y es cognoscible, pero ella misma es un misterio oscuro. Aún así, todo el universo está lleno de luz esperando reflejarse en algo o en alguien.

Un día sucede que la vida decide que ya está bien y le da al “on” y se enciende la luz. Un día nos damos cuenta de que vemos y confiamos en la posibilidad de podernos liberar de lo que sabemos que nunca fue nuestro. Un día cualquiera, ya sea porque la oscuridad vivida nos lleva a buscar la luz o porque la pérdida nos lleva a despertar el nuevo deseo, las cosas comienzan a moverse, nuevas emociones surgen inexorablemente de nuestro interior y nos damos cuenta de que estamos surfeando esperanzadas olas. Un día nos damos cuenta de que la culpa estaba provocada por conocer el bien, y que el bien es interior y personal y va hacia el mundo.

Ese día nos damos cuenta de que nuevas intenciones conocidas están llegando a nuestro ánimo y con un optimismo desconocido nos ponemos a disposición de nosotros mismos y nuestra verdad. Y nos abrimos a lo posible para generar el bien, para buscar la verdad, para apreciar y generar la belleza, para favorecer la justicia. Ese tipo de inspiraciones llegan porque sí, porque de repente nos hemos dado cuenta que de verdad, de verdad, este periplo vital tiene final y que estamos perdiendo el tiempo. O porque recuperamos un nuevo modelo de nosotros mismos que sabemos desde siempre que es posible porque es lo que lo en realidad fuimos que es en realidad lo que todavía somos. O porque hemos visto a alguien que nos ha despertado una nueva inspiración al notar una resonancia de su comportamiento en nosotros que sabemos que también es nuestra. O porque hemos tomado distancia de lo habitual y desde allí se ha despertado una certeza renovadora. O porque nos recordamos como era nuestro espíritu infantil y nos damos cuenta de la distancia que habíamos tomado de nuestra esencia.

Ese día nos damos cuenta de que estábamos sustituyendo lo importante por lo aparente, de que estábamos enganchando nuestra vida a rémoras y no a motores, de que estábamos refugiándonos en dispersiones aplazando lo trascendente. Ese día nos damos cuenta de que estábamos centrándonos en sustituciones de lo que realmente necesitábamos y comenzamos a elaborar un nuevo proyecto de vida. Es el proyecto el que te repentinamente proporciona la energía necesaria para dar los pasos hacia en el camino. Ese día que estamos acertados es porque hemos tomado conciencia de haber estado, de alguna manera, equivocados. La gran elección es entre tener razón o ser feliz. Y decidimos tirar al carajo el “yo creía” y pasar al “yo soy”.

La vida va paralela a una historia que nos contamos a nosotros mismo sobre quiénes somos, qué es esto y qué es lo que queremos y tenemos que hacer. Cuidado con esa historia, porque si los periplos y las relaciones nos han llevado a configurarla mal, nos podemos estar contando una peli que no es la nuestra. Y las cosas no encajan, y sufrimos. Y nos podemos dar cuenta de que nos hemos engañado con un relato falso, o que nos creímos la imagen reflejada de nosotros mismos que veíamos en espejos deformados, o que habíamos confundido los deseos momentáneos con los importantes. Ese día nos podemos dar cuenta de que estábamos enfadados con los demás porque no eran como nosotros queríamos ser o que estábamos castigando a alguien porque reflejaba lo que no apreciamos de nosotros mismos o que estábamos pidiendo compulsivamente al mundo una cosa que no éramos capaces de tomar directamente por derecho. Quizá nos damos cuenta de que teníamos miedo de lo que en el fondo deseábamos o nos cercioramos de que nos quejábamos de una condena que nadie mas que tu propio juez había impuesto. Quizá nos damos cuenta de que las heridas más profundas que teníamos estaban gestadas en los ámbitos de la mayor normalidad y estaban pasándonos desapercibidas El día que uno se da cuenta de esas cosas es el día que se acerca un poco más a la verdad que proporciona la paz y la certeza de lo auténtico sobre si. Esa búsqueda no tiene fin. La verdad nunca es cognoscible en su totalidad porque es solo un significado sobre lo real, y lo real siempre será más grande que el mapa que lo explica. Sin embargo, a medida que nos acercamos a nuestra verdad, a nuestra realidad, a la identidad sin defensas, sin huidas, sin sustituciones, sin vericuetos, sin negaciones, sin transferencias ni represiones, nos va invadiendo la tranquilidad de estar en la certeza y no en el engaño, de estar en la alegría de ser de verdad lo que uno es.

Permite pues que tu luz se refleje en ti, puesto que todo el universo, aunque parezca oscuro, está repleto de luz esperando reflejarse. No sirve de nada la luz del día si los ojos permanecen cerrados. La luz permite que lo interior sea lavado y lo exterior comprendido. La misma materia de la que está creada la naturaleza no es otra cosa que luz condensada. No se sabe qué es la luz, pero sabemos que es lo que permite que las cosas sean vistas. La luz y la mirada no son dos. La mirada, el ojo, es, de hecho, una creación de la luz para darse cuenta del mundo. La luz es Tu, viendo.

Mírate, conócete, descúbrete, entrégate a conocer el inabarcable misterio de tu propia vida, pues lo que no encaramos, directamente, nos vuelve locos.

Mariano Alameda. Centro Nagual.

Imagen: Francesco Romoli

1 Comentario

  1. Laura 2 años hace

    Magnífico Mariano. Gracias.

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

A %d blogueros les gusta esto: