El secreto de una larga vida.

El secreto de una larga vida.

Está en una palabra misteriosa: ikigai (Los secretos de Japón para una vida larga y feliz)

Las investigaciones médicas que se están llevando a cabo nos dicen que no sólo viven más años que nadie, sino que padecen menos ataques de corazón, afecciones inflamatorias y cáncer. Y tienen un nivel más bajo de radicales libres en su sangre, responsables del envejecimiento celular.

Ancianos contentos, sanos… ¿y con la mente clara?

El índice de casos de demencia es allí mucho más bajo que en el resto del mundo. Y tanto las mujeres como los hombres mantienen un nivel elevado de hormonas sexuales hasta edades muy avanzadas.

Dígame qué comen que tomo nota…

Pescado tres veces a la semana, verduras (300 gramos diarios), tofu, boniatos y té verde. Pero yo destacaría su lealtad a un viejo aforismo: Hara hachi bu(la barriga al 80 por ciento). No comen hasta saciarse, siempre se quedan con un poco de hambre, de manera que su cuerpo no se desgasta con largas digestiones.

Eso es muy inteligente.

Para llevarlo a cabo, en lugar de comer en platos grandes como nosotros, lo hacen en platitos pequeños. Y cuidan su piel porque saben que la vejez se refleja en ella.

No hacen ningún tipo de deporte, pero se mueven durante todo el día. Incluidos los que tienen más de 90 años son muy activos. Se levantan temprano, todos tienen su huerto que cuidan a diario. Su secreto es ejercicio suave pero continuado.

De acuerdo.

…Pero su gran secreto reside en una misteriosa palabra, ikigai, que es la razón por la que nos levantamos cada mañana, un motivo para existir. Una de las cosas que me sorprendieron más de los japoneses fue que siguen activos después de jubilarse, muchos nunca se retiran, siguen trabajando en lo que les gusta.

Los habitantes de Ogimi no tienen un único trabajo, diversifican, también tienen su huerto y venden sus hortalizas. Desde niños dedican tiempo al trabajo en equipo y se ayudan los unos a los otros.

Hay que ser sencillo.

Microfluir, disfrutar de las tareas rutinarias, ser preciosista como los habitantes de Ogimi con sus huertos y su trato atento; no rendirse a la edad, cultivar la ilusión y la curiosidad. Hokusai, un artista japonés del siglo XIX que vivió hasta los 88 años, dejó escrita la filosofía ikigai en sus grabados Cien vistas del monte Fuji.

¡Cien dibujos del mismo monte!

“Todo lo que he producido antes de los 70 no merece ser contado. Fue a los 73 cuando, de alguna forma, empecé a entender la estructura de la verdadera naturaleza, de los animales y las hierbas, los árboles y los pájaros, los peces y los insectos (…) A los 100 decididamente debería haber alcanzado una maestría maravillosa, y cuando tenga 110, todo lo que haga, cada punto y cada línea, debería ser instinto de vida”.

 

Fuente: La Contra de La Vanguardia. Extracto de una entrevista con Héctor García, ingeniero informático afincado en Tokio que investiga el ‘ikigai’

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