El cambio cultural que intento establecer es del “yo” al “nosotros”.

El cambio cultural que intento establecer es del “yo” al “nosotros”.

Qué ha entendido?

Que no hay que etiquetar ni etiquetarse en ninguna categoría porque las categorías nos separan, y cuando nos aislamos la creatividad se reduce.

Crear, a menudo, es estar solo con uno mismo.

Pero no estar aislado…Todo lo que produce alegría, tristeza o sentido surge de relacionarse.

¿En esa premisa se basa su teoría del construccionismo social?

Sí, sustituyo el tradicional énfasis sobre la mente individual por los procesos de relación. Pero soy tan crítico con el individualismo como con la vida comunal.

No entiendo lo segundo.

La tradición occidental entiende que el mundo está formado por individuos: tú vives en tu psique y yo vivo en la mía, tú ves el mundo a tu manera y yo a la mía. Lo mismo ocurre con las comunidades: tú tienes la tuya y yo tengo la mía, lo que nos lleva a “nosotros somos los mejores”, “somos diferentes”, “esto es nuestro”. Yo quiero otra cosa.

¿Qué quiere usted?

Llevar a todos los ámbitos de lo social, incluida la política, lo que aplico en las organizaciones y las grandes empresas. Mi preocupación básica es que haya cambio social.

¿Cómo se orquesta?

En las organizaciones y empresas se evalúa al individuo, y eso provoca que la gente esté ansiosa, se sienta amenazada y aislada preguntándose si cumple lo que se espera de ella.

¿Cuál es la alternativa?

Lo aplico en Finlandia: evaluamos cómo lo estamos haciendo juntos, qué es lo que hacemos bien, qué podríamos hacer mejor y quién contribuye en qué para hacer un buen equipo. Es un cambio del individuo al proceso de grupo.

Los niños pequeños tienen el “mío” incorporado; parece genético.

Ni siquiera biológicamente somos seres independientes. Dependemos de millones de organismos que nos mantienen vivos, y también del medio ambiente. Vivimos gracias a muchos procesos relacionales, y este proceso es generador de sentido.

De acuerdo.

Si desde pequeños los niños aprenden a ser autosuficientes, cuando los otros no les aprueban se produce un conflicto con la autoestima.

Algo muy muy común.

Para ser aprobado nos aseguramos de que nuestra imagen es la correcta. A través del “yo, yo, yo” intentamos gustar a los otros. El cambio cultural que intento establecer es del “yo” al “nosotros”. Cuando mi nieto tiene deberes, su padre dice: “Tenemos deberes”; los deberes forman parte de la familia.

¿Y la responsabilidad individual?

He pasado mucho tiempo en China estudiando y colaborando con su sistema cooperativo de aprender, y allí no existe el bullying.

¿Se les enseña a obedecer o a razonar?

Buscamos la manera de que los profesores colaboren con los niños y trabajen juntos, y que la administración de la escuela trabaje con los maestros para ir rompiendo las jerarquías.

La sociedad china es muy jerárquica.

Por eso el tema no puede detenerse en la escuela. Pero se trata de un cambio social que ya está en marcha: gracias a las tecnologías se están rompiendo los aislamientos, la gente vive relacionada. El adolescente que viene a cenar no viene solo, trae consigo a todos sus amigos conectados a través de su móvil. Estamos vinculados con miles de personas.

…en la superficie.

Eso es lo que hay que trabajar, que cada vez estemos relacionados de forma más positiva con más aspectos del mundo. Debemos pasar de una vida individualista a una relacional en la que tú me necesitas y yo te necesito, tú me cuidas y yo te cuido, nos tenemos en cuenta unos a otros. El problema es el “yo quiero lo mío y quedarme con lo tuyo”.

¿Cree que el ser humano no es egoísta?

Yo crecí en una sociedad individualista convencido de que eso era lo natural. Después de vivir en África, en China y en Escandinavia, entendí que era sólo una forma de vivir. Paso mucho tiempo en países escandinavos que están muy avanzados socialmente en esa cultura relacional, y la diferencia entre ricos y pobres es mucho menor, no tienen gente sin techo.

Relacionarse con los otros es lo más difícil.

La indagación apreciativa nos permite cambiar la manera de relacionarnos. Se trata de hallar entre todos qué es lo que más valoramos de nuestra vida en común o de trabajar juntos.

¿Es trasladable a las parejas?

Se trata de apreciar los detalles del otro –”¡Qué bien, has comprado naranjas!”– o sentarse a hablar de lo que tiene sentido en nuestra relación. Hay que enfocarse en los aspectos positivos, en qué es lo que funciona, qué es lo que va bien, de lo que queremos más y que ya tenemos. Eso es aplicable a los hijos, los amigos, las ciudades, los estados..

Fuente: La Vanguardia. Entrevista con Kenneth J. Gergen, psicólogo social experimental.

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