¿Dónde está la verdad?

¿Dónde está la verdad?

Resulta aleccionadora la respuesta, en forma de atronadora carcajada, de muchos de los grandes maestros cuando un discípulo pregunta sobre la verdad. Convendría recordar que Confucio observaba la verdad como cuatro esquinas de las que conocemos sólo una y depende de cada uno de nosotros encontrar las otras tres.

Haremos bien en dudar de todos aquellos que nos digan estar en posesión de alguna verdad ,y de todo aquello que no podamos experimentar de primera mano, porque en muchas ocasiones es probable que sólo estén tratando de vendernos algo.

Y es que al parecer “verdades hay muchas”. El político después de unas elecciones utiliza la “verdad estadística”, que permite cualquier tipo de interpretación, para defender su resultado. En otras ocasiones en la vida nos revelarán una pequeña verdad para vendernos una gran mentira. También tenemos nuestra propia responsabilidad cuando nos obsesionamos con que la verdad llegará por un camino muy concreto, obviando como apunta un dicho africano que la verdad no puede estar contenida en una sola cabeza.

Dice nuestro maestro y amigo Juan Trigo que la verdad está diseminada por el mundo, y el buscador ha de ir recopilando los fragmentos. Creer que uno de los fragmentos es la verdad con mayúsculas es el error humano sobre el que se fundan muchos cultos fanáticos. Un verdadero buscador nunca debería quedarse atrapado en ninguna forma de “creencia”.

 

Un gato pasó  junto a una asamblea de perros cuyo líder decía: -¡Hermanos, recemos juntos y pidamos con fervor que el Gran Dios Perro nos envíe del cielo buenos y abundantes huesos!

El gato se alejó de allí, diciendo para sí: -¡Estúpidos idolatras, ignorantes infieles! ¿Cómo es posible que le recen a ese dios de paganos y no al verdadero Gran Dios Gato, y cómo es posible que en vez de huesos no pidan ratones?

 

Cuento sufí

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