Chiste + Conciencia sobre la salud. Alejandro Jodorowsky

Chiste + Conciencia sobre la salud. Alejandro Jodorowsky

CHISTE:

El enfermo pregunta: “¿Qué es la salud?” Su médico le responde: “Un equilibrio inestable”. El enfermo: “¿Y la enfermedad, qué es?”. El médico: “Un desequilibrio estable”.

CONCIENCIA:

Alejandro Jodorowsky: Mi Maestro Ejo Takata me dijo: “Para estar correctamente de pie, es necesario haber caído cientos de veces. Quien no sabe caer, no sabe estar bien de pie. Quien no acepta con humildad el fracaso, no puede triunfar. Triunfar es aprender a fracasar. Para saber cuánto eres rico, cuenta cuántas deudas tienes.” Hay personas que se sienten muy estables cuando están enfermas pero apenas recobran la salud, se angustian. Apenas un destello de felicidad los ilumina, se sienten en peligro porque pierden la estabilidad del sufrimiento… Llegó a verme, en mis consultas gratuitas de Tarot, los miércoles, un muchacho que se daba con una hoja de rasurar cortes en los brazos para, según sus palabras, sentir en su carne el dolor y no en su alma. Analizando su árbol genealógico vi que su padre había muerto en un accidente de moto cuando él era niño y que, desde entonces, su madre sentía al mundo como un enemigo que la sumía en el sufrimiento. Por eso ahora él, cada vez que le sucede algo positivo que le otorga un poco de alegría, se siente culpable con respecto a su madre, y se castiga dándose cortes. Apenas sufre, tiene el goce de sufrir porque entra en los sentimientos negativos de su madre, realizando un incesto metafórico e inconsciente. Y es por esto que su madre lo ama, en el dolor, en el desequilibrio estable del sufrimiento. Apenas él obtiene el equilibrio estable de la salud mental y emocional, se angustia por perder la unión con su madre , sintiéndose atrozmente abandonado… A propósito del árbol genealógico, contaré otro chiste:

“Una suegra habla con el marido de su hija: “¡Tú crees en la reencarnación, Pancho?” Pancho le responde:”¡Si creo, señora, y quisiera reencarnarme en un burro!”. La suegra le dice: “¡Oh, no vale la pena de que repitas la misma cosa!”…

Generalmente nos ponemos como meta lo que ya somos. Cuando decimos, por ejemplo: “¡Quisiera tener talento!”, es porque en verdad lo tenemos, El filósofo Pascal creyó oir que Dios le decía: “No me buscarías si no me hubieras ya encontrado”. La persona que vive prisionera en la cárcel de su ego, espera lograr el objeto de su esperanza mediante la reencarnación, porque cree que aquello nunca lo obtendrá en esta vida. En realidad querer lo que se quiere, lo que somos, está prohibido por las circunstancias familiares, sociales y culturales que dan forma al árbol genealógico. Cuando aún estamos en el vientre materno, la familia establece planes sobre nuestro desarrollo y conducta futuros. No quieren que nazcamos para ser nosotros mismos sino para ser lo que ellos quieren que seamos, desarrollando los proyectos que nos injertan en el alma. Cada vez que deseamos ser nosotros mismos, nuestro Juez Interior (formado por los arquetipos paternos) nos lo prohibe. Entonces nos mutilamos, diciendo: “Algún día tendré lo que quiero… algún día, no éste…” en lugar de realizarnos de inmediato. Por miedo al abandono, por miedo a perder el amor de los padres, por miedo a ser expulsados del clan, consumimos nuestra vida en el sufrimiento emocional y en la superficialidad espiritual. Vivimos, en una dolorosa isla, por miedo a entregarnos a la felicidad de ser lo que auténticamente somos.

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