Buscar tu lugar dentro del laberinto.

Buscar tu lugar dentro del laberinto.

Cuando todavía no eran las nueve de la mañana, Kiko ya estaba dando vueltas a la manzana, haciendo tiempo. Lo he visto por la ventana, con las manos en los bolsillos y mirando hacia el suelo. Parecía describir unas rutas marcadas, mientras su imaginación volaba a otros mundos. En cuanto a su forma de vestir observé que hoy predominaba el color gris, como sabes, es un color completamente neutro, propio de aquellos que quieren pasar desapercibidos.

Resulta interesante este ejercicio de poder contemplar, sin ser visto, porque nos muestra a la persona tal como es, sin fingimientos de ningún tipo. Nos permite una mirada que escapa al control de nuestro consultante.

Cuando faltaba un minuto para las diez ha llamado al timbre, quería mostrar una imagen de puntualidad inglesa, aunque para entonces ya llevaba una hora y cuarto dando vueltas. Al entrar en la consulta me ha dado la mano al tiempo que bajaba su mirada. Perfectamente peinado, cada cabello ocupada su sitio, no hay nada improvisado en él.

Me encanta preparar el escenario donde se va a librar este aprendizaje. He dispuesto las sillas y los taburetes de tal manera que resultaba imposible averiguar dónde estaba mi sitio, ya que incluso había escondido el caballete de arbolista. Lo he hecho para que tuviera que buscar su lugar dentro del laberinto, un sitio donde se sintiera cómodo y que a nosotros nos hablará en voz alta. Para que todo resultara más verosímil, lo he dejado solo en ese espacio durante un par de minutos. El objetivo era averiguar si buscaba una silla o un taburete, si se sentaba o se quedaba de pie. Mientras tanto, me he disculpado y le he dicho que iba a por unas hojas grandes, que podía sentarse donde le apeteciera.

De reojo he podido observar su forma de andar pausada pero firme, sus pisadas eran suaves y sin estridencias, completamente insonoras.

Ha encontrado un viejo taburete, el más bajo y destartalado que tengo en la sala se ha sentado lejos de las ventanas, casi en una de las esquinas de la habitación. Ligeramente inclinado hacia delante y con las piernas cruzadas en posición de defensa. Todo parece indicar que Kiko desea mantener cierto grado de confidencialidad, todavía no sabe que está unido a su inconsciente familiar, que todo está en todo. Puede que le suceda como a muchos que desean una transformación, pero sin que nada se mueva de su sitio, lo que resulta imposible.

Finalmente, he sacado el caballete, le he puesto una gran hoja blanca de un metro por setenta centímetros y he dispuesto los rotuladores para empezar el trabajo. Y, para relajarlo un poco, le he dicho que al mismo tiempo nos íbamos a tomar una deliciosa infusión.

Apenas hemos cruzado cuatro palabras, pero es mucho lo que ya ha contado en forma no verbal.

Breve extracto de LO QUE NO SE APRENDE EN LAS FACULTADES

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