Amigos que vienen y amigos que se van. 

Amigos que vienen y amigos que se van. 

Si entendemos la vida como cambio continuo, con fases expansivas y otras de contracción, no debería sorprendernos que los amigos sigan esa misma dinámica.

En palabras de Pepa Sanchís:

“En cada momento de tu vida te relacionas con las personas que se parecen al estado de ánimo que estás viviendo. Por eso hay gente que se queda contigo toda la vida (los que realmente son parecidos a ti) y otros que irrumpen en tu existencia, pero luego desaparecen irremediablemente. Esto ocurre porque no eran realmente tú, sino solo un estado de ánimo transitorio que estabas viviendo. Y cuando saliste de dicho estado transitorio, la gente que estaba en esa onda ya no tenía cabida en tu vida”

Resulta más fácil, desde esa explicación, entender las razones por las cuales amistades importantes de otras épocas ya no encajan en nuestras vidas. Tampoco  debería sorprendernos que tras el reencuentro con el que fue nuestro mejor amigo de la infancia, después de recordar viejos tiempos, pronto nos quedemos sin nada nuevo que compartir.

Pero tal vez no sean ellos, nuestros antiguos amigos, sino nosotros los que hemos cambiado. Las crisis (en las que nos cuestionamos) nos permiten darnos cuenta de que estamos vivos y de que somos sensibles a los influjos exteriores. Lo contrario podría significar que nuestro organismo se ha endurecido o anquilosado. ¡Flexibilidad, como sinónimo de vida, o rigidez como sinónimo de muerte!

Aceptemos que la vida, tal como afirma Demetrio Santos, es evolución y adaptación continua a nuevas situaciones. Y, por supuesto, demos la bienvenida a los nuevos amigos que llegan a nuestra vida porque significará que seguimos vivos…

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