Sobreprotección.

Sobreprotección.

Su casa parecía estar rodeada por una enorme muralla defensiva que la protegía de los enemigos y a su vez también aislaba de los posibles colaboradores. Allí reinaba con el poder absoluto de una princesa de cuento. Sus padres actuaban a su servicio y sus deseos se convertían en órdenes. Quedaba claro que los esfuerzos en el interior de aquel hogar estaban dirigidos a satisfacer las necesidades de aquella joven reina, convertida en centro absoluto de la vida de sus progenitores. Siempre tuvo permiso para comportarse como una niña pequeña consentida (privilegios de la realeza) a pesar de que la infancia hacía tiempo que había quedado atrás.

Cuando trató de salir de aquel “castillo” encantado (absolutamente ideal) a la vida real se encontró con problemas. El acceso al mundo adulto en el que cada cual debe aprender a gestionar los conflictos no le resultó sencillo.

Un maestro le explicó que podía cambiar la palabra casa por “intimidad” y todo lo expresado respecto a aquel hogar en el que creció sería ahora aplicable a su vida íntima.

PD: El cuento no ha terminado. La princesa aprenderá a solucionar sus dificultades cuando deje la comodidad de su yo infantil para enfrentarse al yo adulto.

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