Abuelos, bisabuelos y más allá de ellos

Abuelos, bisabuelos y más allá de ellos

La introyección es un mecanismo neurótico mediante el cual incorporamos

dentro de nosotros mismos, patrones, actitudes, modos de actuar

y pensar que no son verdaderamente nuestros.

Fritz Perls

 

El Universo es un sistema formados por complejos sistemas de sistemas que a su vez están compuestos de subsistemas… y así hasta la organización de los tejidos de átomos que conforman nuestra cuerpo. Y en el centro de esta red de sistemas, el hombre se conceptualiza como  individuo, soñando quizá con esa útil fantasía de la individualidad. ¿Será que tal convicción le ayuda a orientarse en el mundo, como ser autónomo, separado del resto y con la potestad del libre albedrío? ¿De veras cree que él se construye a sí mismo libre del influjo de la cultura, y en especial de la familia, en la que nace?

Ingenuamente creemos que por un lado está el “yo” y por otro el “vosotros”. Sin embargo, desde el instante de nuestra concepción, hasta alcanzar un elevado grado de autoconocimiento y conciencia, funcionamos bajo el hechizo de introyectos de esos cercanos “vosotros”, especialmente de los antepasados, aquellos que educaron a nuestros padres: abuelos, bisabuelos y más allá allá de ellos. Desde el modelo metagenealógico de Alejandro Jodorowsky y Marianne Costa, de los abuelos heredamos patrones afectivos, emocionales y de los bisabuelos patrones cognitivos, creencias y fanatismos. ¿Mis celos son mis celos? ¿Y mi rabia? ¿Y mis miedos? ¿Y mi idea sobre el dinero? ¿sobre Dios? ¿sobre la política? ¿la pareja?…

¿Hasta qué punto somos conscientes de estos introyectos?

Para ilustrar la respuesta, traemos aquí un cuento que relata Rebecca Linder Hintze en su libro “Cómo sanar tu historia familiar”:

Érase una vez una joven recién casada que empezó a cocinar un jamón para la cena. Cuando le cortó las dos puntas y lo puso en la cazuela, su marido le preguntó por qué lo hacía, y ella le respondió: “Así sabe mejor.” Después, sin embargo ella misma se hizo esa pregunta, así que llamó a su madre, que era la que le había enseñado a cocinar. “¿Por qué me dijiste que le cortase las puntas al jamón?”, le preguntó.

Su madre dijo: “No estoy segura, pero sé que así sabe mejor. Y así es como lo hacía mi madre.”

La joven llamó entonces a su abuela y volvió a preguntar: “¿Por qué le quitamos las puntas al jamón?”

Su abuela le respondió: “Por que si no, no cabe en mi cazuela.”

Aunque la joven de la historia creía que el sabor del jamón mejoraba si le quitaba las puntas, esa costumbre se originó sencillamente por conveniencia. Al darse cuenta de la verdad, comprobó el tamaño de su cazuela y descubrió que le cabía toda la pieza del jamón, así que modificó su comportamiento.

Las percepciones de la realidad de los ancestros se convierten en la base de los sistemas de creencias de los descendientes.

La cazuela es como el intelecto, ¿qué tamaño tiene tu cazuela en relación a la de tu abuela?

Carmen Guerrero

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