22 mujeres que cambiaron la historia: Valentina Théreshkova, la mujer que conquistó el espacio exterior

22 mujeres que cambiaron la historia: Valentina Théreshkova, la mujer que conquistó el espacio exterior

Las pantallas de televisión de todo el mundo se ven invadidas por la imagen sonriente de un ser humano embutido en un traje espacial. La imagen es difusa y el casco dificulta la identificación. Rusia se apresura a anunciar que se trata de Valentina Tereshkova, quien se convierte, con 26 años, en la primera mujer astronauta de la historia. El asombro es general: ¿una mujer en el espacio?, y… ¿soviética?

La agencia rusa Tass amplía la información, indicando que la cosmonauta pilota la nave Vostok VI. En los días posteriores, esta misma agencia se encarga de informar sobre la trayectoria personal de Valentina. En su primer comunicado, Tass relata que desciende de una humilde familia de campesinos y que, antes de iniciar su carrera de cosmonauta, había trabajado como empleada en una fábrica textil. Un total de cuatrocientas candidatas habían pretendido acometer la hazaña y ella había sido la seleccionada entre sus cinco finalistas, selección realizada personalmente por el propio Nikita Kruschev, el máximo líder soviético. Su inexperiencia como piloto había pesado menos que su consumado dominio del paracaidismo. A ello se sumaron sus inmejorables condiciones físicas: las pruebas que se vio obligada a superar durante varios meses hicieron de este último un factor ineludible, y acabaron por encaramarla como vencedora de esta particular carrera espacial. No obstante, se debería considerar que, sin lugar a dudas, el líder soviético se rigió de forma no menos determinante por su ideología política claramente comunista y por la demostrada fidelidad de sus familiares al régimen.

Los objetivos del embarque de la cosmonauta eran claros: el programa espacial soviético defiende que la misión pretende investigar las diferencias existentes entre los organismos femenino y masculino. Los ingenieros quieren analizar la adaptación de unos y otros a un entorno carente de gravedad. Valentina informaría a su vuelta del padecimiento de continuas nauseas, así como de un incisivo apetito que sus escasas provisiones no podían mitigar. También se deseaba ensayar la comunicación entre naves espaciales. Así, en su primera órbita, Tass informaba de que, además de comunicarse con ellos por radio de onda corta, se sabe que había logrado acercarse hasta cinco kilómetros a la Vostok V, pilotada por Valeri Bikovski.

Desde el Centro de Proyectiles de Cabo Cañaveral, la envidia reconcome a EE.UU., que acusa a la Unión Soviética de utilizar el lanzamiento como estratagema publicitaria. Con este histórico paso, Rusia les aventajaba en la carrera espacial, y no están dispuestos a admitirlo. La Administración Nacional de Aeronáutica y de Espacio (NASA) afirma que no se halla entre sus proyectos enviar a ninguna norteamericana al espacio. Sabedores de la carrera profesional de Valentina, no dudan en menoscabarla declarando que ‘los aspirantes a astronautas han de tener una experiencia de 1.000 horas de vuelo en aviones militares a reacción’. Finalmente zanjaban la cuestión afirmando: ‘No existe ninguna razón fisiológica que justifique el lanzamiento de una mujer al espacio’. Toda una declaración de principios progresista.

Sea como fuere, el 19 de junio tras tres días a bordo de la nave Vostok VI, Valentina Tereshkova regresó a la Tierra. Y pesase a quien pesase, lo hizo en un paracaídas, dado que la sonda carecía de sistema de aterrizaje.

La pionera de las cosmonautas jamás volvió al espacio pero tal y como había aventurado Kruschev, hizo carrera política, desempeñando varios y relevantes cargos gubernamentales en el Soviet Supremo.
Su proeza la convirtió en una heroína mundial. Su gesta demostró que hombres y mujeres ante las mismas oportunidades, y ante los mismos retos extremos, podemos alcanzar la igualdad, ya que el denominado ‘sexo débil’ definitivamente no es tal.

Fuente: LaVanguardia

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